Al norte de la provincia de Córdoba, en el municipio de El Guijo, se localiza un valle donde se levantó un cortijo que da nombre al yacimiento arqueológico de Majadaiglesia. Bajo el suelo se esconden restos de la Edad del Bronce y de pobladores íberos. En la década de 1930 se realizaron las primeras excavaciones que continuaron en las décadas de los años 70 y 80, y se documentaron varias estructuras de época romana que apuntaban a la existencia de la ciudad perdida de Solia. Las últimas informaciones del lugar indican que su declive ocurrió en época tardoantigua-visigoda, periodo del que se conoce un templo cristiano y una necrópolis.
Es el yacimiento romano mejor urbanizado, que disponía de varios anillos de fortificación, de alcantarillado, de termas, así como una potente estructura de cisternas escalonadas e intercomunicadas, que bien pudieron servir a un complejo metalúrgico de concentrado de mineral. De la triple línea defensiva apenas quedan restos que se puedan identificar, a no ser, algunos muros y un pequeño contrafuerte localizados en la ladera Sur.
Se conserva en la explanada delante del actual cortijo de Majadaiglesia una gran estructura de 13 m de largo y 6,5 de ancho, pudiéndose medir cerca de 3 m de profundidad. La técnica edilicia es opus caementicum y se observa en su paramento unos orificios cuyo uso se desconoce. Por su topología, debió usarse para el almacenamiento de agua, siendo una cisterna descubierta. Junto a la misma, se sitúa una estructura rectangular de 2,70 m de ancho y 10,70 m de longitud, paralela al lado corto orientado al oeste de la cisterna. Debido a que los restos han vuelto a enterrarse durante los últimos años, no puede contemplarse todo su perímetro en la actualidad, por lo que es difícil deducir su relación con la edificación anexa.
Permanece claramente reconocible una construcción subterránea que discurre en dirección Suroeste, hacia la confluencia de los dos arroyos que bordean el cerro. El túnel subterráneo está hecho de mampostería y está abovedado. La anchura del mismo en su entrada es de 74 cm, estrechándose ligeramente ladera abajo. La luz del arco de la bóveda es de 68 cm y la flecha mide 36 cm. La conducción consta de dos muros tangentes que franquean su entrada de en torno a metro y medio de longitud y una altura media de 40 cm, realizados también en mampostería.
Se conservan dos grandes estructuras de opus caementicium . La mayor de ellas posee una abertura de 2 m de anchura y medio metro de abovedado de gran profundidad prácticamente cegado por la tierra. Junto a su acceso, se distinguen los restos de un muro de mampostería de 2,5 m de longitud y una altura media 40 cm.
Las labores de limpieza que se están llevando a cabo en la actualidad han dejado al descubierto el resto de la estructura, que corresponde a una natatio de 7,30 m de longitud y 6,50 m de ancho, edificada con muro de opus caementicium de cerca de 1 m de grosor. Mantiene en muy buen estado de conservación el opus signinum que la recubre y el cordón hidráulico que bordea todo el perímetro del fondo de unos 10 cm de grosor. Se conservan dos escaleras de descenso con forma de abanico. En ambas escaleras la junta que las une al muro está perfilada por el cordón hidráulico.
El canal de desagüe está algo dañado. Tiene 17 cm de ancho por 27 de alto con una profundidad de 80 cm atravesando el muro. Está realizado con ladrillos unidos por argamasa.
De la natatio parten una serie de muros en muy buen estado de conservación que definen una sucesión de estancias y que enlazan con las estructuras antes descritas.
Parte del mismo yacimiento lo constituye la zona ocupada por la ermita de las Cruces, situada en terrenos llanos al Oeste del cerro. En el interior de la ermita se conserva, justo bajo la cota actual del pavimento de la sacristía, una pila bautismal por inmersión de forma cruciforme, cuya terminación es redondeada, de 1,23 y 1,33 m de lado y 0,65 m de profundidad. En su lado Este tiene dos escalones, y en el Norte, a la derecha de los escalones, el orificio de desagüe. Está construida en piedra, y tiene un recrecido de ladrillo. La pila bautismal es el único testimonio que ha permanecido de la existencia de un baptisterio paleocristiano o visigodo en esta zona bajo la ermita moderna.
A unos metros se ha localizado una necrópolis, sin excavar, ya que en los terrenos colindantes con la iglesia abunda el material cerámico, y han sido frecuentes los hallazgos de inscripciones funerarias. Una de ellas, de los siglos III o IV d.C., está reutilizada en el umbral de entrada al templo y, en ella se lee: «PORTIV(s)/RIGVS (ca/r)VS SVIS (an/n) LXXX (s)/E.S.T.T. ». |