LUGARES ARQUEOLÓGICOS EN ESPAÑA

YACIMIENTO IBÉRICO PUIG DE LA MISERICORDIA

El Puig de la Misericordia se sitúa en un bello paraje natural con vistas al fértil llano de Vinaròs-Benicarló. En él se encuentra un singular asentamiento ibérico en el que se combina una función residencial o de casa rural con una estructura fortificada.

Estamos ante una potente fortificación de la cual se ha sacado a la luz el complejo poliorcético, restando por excavar la parte interior que debe corresponder al área de habitación. Esta fortificación es un recinto de planta seudorectangular, con alzados diferentes en cada uno de sus cuatro lados. En la parte norte se levanta un lienzo de muralla, en el cual y en un segundo momento de esta fase, se realiza un homo destinado presumiblemente para la obtención de cal. La estructura defensiva de la parte este se inicia con un muro en cuyo extremo presenta un pequeño bastión de planta rectangular, construido con un ligero talud. Acto seguido se inician cuatro muros; los dos exteriores formaban un aterrazamiento que reforzaba los dos muros interiores, entre los cuales se había puesto un relleno de piedras y tierra, constituyendo una sola estructura con un grosor de 4 m. Esta técnica la podemos asimilar a los muros de casernas, la cual tiene su origen en el Mediterráneo oriental, y que llega a la Península por medio de los fenicios. En la parte sur existe también un primer muro que debería formar una terraza inclinada a modo de rampa, sobre la que se levantaba otro muro. En la parte oeste se construye una sola pared que puede llegar a alcanzar los 6 m. de anchura, la cual está configurada a partir de un escalonamiento. Toda la construcción se realiza con mampostería de piedra caliza del terreno. De los 900 m² del total de superficie ocupada en esta fase, 720 m² corresponden a las estructuras defensivas, por lo que tan solo el 20% de la extensión del yacimiento está destinado para el hábitat.

Las excavaciones en el yacimiento muestran que su desarrollo cronocultural está constituido por tres fases distintas de ocupación: una correspondiente a la Edad del Hierro y otras dos a la Época Ibérica.

Los vestigios de la Edad del Hierro están muy destruidos. Son edificaciones de planta rectangular fabricadas en mampostería con una cronología que abarca la segunda mitad del siglo VII y la primera mitad del VI a.C. El material cerámico aparecido se compone de vasijas hechas a mano y decoradas con cordones digitados. Junto al material indígena, también se ha encontrado cerámica de importación fenicia, especialmente ánforas procedentes del sur peninsular.

Respecto a la Época Ibérica, las excavaciones han puesto al descubierto la zona de una muralla, cuyos muros superan los 4 m de anchura en algunos puntos. Estos restos corresponden, según la cerámica griega encontrada, a un momento posterior al año 550 a.C., si bien es cierto que la cerámica más abundante ha sido la procedente de comercio fenicio, especialmente ánforas, orzas, platos trípodes y fragmentos de vasijas bícromas.

El yacimiento fue abandonado a principios del siglo V a.C., para ser posteriormente ocupado y construirse uno nuevo con un planteamiento distinto. En esta nueva etapa se planificó una pequeña casa rural de calle central, cuya datación puede ser de mediados del siglo II a.C., dada la presencia de vasijas de barniz negro y ánforas itálicas. Correspondería a un pequeño asentamiento de carácter agrícola, tal y como señala el material arqueológico. Entre los hallazgos destaca un podón de hierro, herramienta de poda que indicaría la explotación de la viña. También se ha encontrado abundante material de cerámica ibérica fabricada a torno y escasos fragmentos fabricados a mano. El planteamiento arquitectónico lleva a intuir que, además del carácter agrícola, el asentamiento pudo asumir algún tipo de función estratégica, teniendo en cuenta que a su alrededor se encuentra otros asentamientos, como del Puig de la Nau o el Perengil, el de la Tossa Alta de Benicarló o el de la Moleta del Remei, más al norte. Fue abandonado a finales del siglo II a.C.