El recinto amurallado de Pedriza de la Cartuja se encuentra en la plataforma rocosa que corona los Tajos de Marchales. Su denominación viene dada porque dichos terrenos pertenecieron a la orden de los cartujos desde el siglo XVI, aunque los usufructuarios fueron colonos. Esta circunstancia histórica hizo que toda esta planicie elevada rocosa tomara el nombre de Pedriza de Cartuja. Esta zona había sido objeto de prospección arqueológica sin lograr detectar la existencia del yacimiento, su reconocimiento ha sido posible gracias a la observación territorial detallada mediante ortoimágenes de satélite. El mapeo de la zona de los Tajos de Marchales mediante fotografías aéreas ha permitido teledetectar un recinto murario singular que fue corroborado por visitas posteriores. En dichas imágenes son observadas anomalías paisajísticas resultado de una actividad antrópica. Por esta razón se decidió aplicar técnicas de teledetección.
El sitio arqueológico está bien delimitado por un gran recinto amurallado que es perfectamente visible en fotografía aérea. Este recinto se enclava en la parte elevada de un promontorio que aparece aún más realzado por sus estructuras murarias, destacando de los terrenos circundantes. Su construcción muraria, de la que deriva su fisonomía, se asentó sobre la formación geológica subyacente, constituida por areniscas bioclásticas neógenas, calcarenitas y conglomerados.
Según se deduce de su reconocimiento aéreo, el recinto está compuesto de tres líneas murarias concéntricas. El primer anillo tiene un diámetro aproximado de 130 m con una superficie de ocupación de 12000 m². El interior de este recinto posee otros dos anillos, muy próximos entre sí, que parecen estar separados por un foso o pasillo intramuros. Estos dos últimos anillos cierran este enclave elevado ocupando una posición dominante, con un diámetro de aproximadamente 65 m. Sumando el perímetro de los tres anillos concéntricos amurallados obtendríamos una longitud total de más de 600 m de estructura muraria para perfilar el conjunto. El objetivo del diseño de estos cercados, enfosados o construidos de piedra, se ha discutido. Su tipología, basada en anillos concéntricos perimetrales, ha servido para diversas interpretaciones. La presencia de recintos amurallados tradicionalmente ha sido vista desde una perspectiva castrense. La recurrencia de este argumento ha permitido aplicar toda una serie de apelativos de la poliorcética militar a su arquitectura, independientemente de evidenciar sólo un foso, muro de mampostería o ambos asociados. Esta interpretación basada en el conflicto social ha sido cuestionada por la inercia de su explicación tradicional, poniendo el énfasis alternativo en simples sistemas de cercado tribal de las aldeas agrícolas, es decir, sistemas de cerramiento para separar y proteger lo social del mundo natural. Otros autores han volcando sus argumentos en favor de la carga simbólica de estos lugares, con fosos y estructuras circulares, las cuales tendrían un sentido ritualizado como lugares cultuales. |