La Cava es un yacimiento arqueológico multifásico de 12 hectáreas de extensión que tuvo su primera ocupación hace 4.000 años, durante la Edad del Bronce (entre el 2.500 y el 1.000 a.C.) cuando los asentamientos en la Península Ibérica se caracterizaron por levantarse sobre cabezos o colinas de difícil acceso, muchos de ellos con fortificaciones. La Cava se ubica en lo alto de un cerro cuyo frente occidental resulta casi inaccesible, conformando una excepcional línea defensiva desde la que se puede controlar visualmente una amplia zona, con la Sierra de Altomira al fondo, y dominar el paso natural que unía el interior con la Submeseta sur, lo que fue una de las principales vías de comunicación peninsular. Durante las segundas excavaciones realizadas en 2015 se encontraron restos de la muralla y otras estructuras. Además, a escasos metros hay un campo de unas 8.000 cazoletas, pequeñas cavidades de distintos tamaños horadadas por el hombre en la roca, que son consideradas grabados rupestres del mismo periodo. Este paraje tiene la mayor concentración de España, seguido de Galicia, con solo 500, aunque por ahora se desconoce cuál era su utilidad.
Sin embargo, fue durante la Edad del Hierro (400-450 a.C.), en época celtíbera, cuando se construyó la parte más importante del yacimiento. Las primeras excavaciones entre 2013 y 2014 sacaron a la luz la acrópolis retallada en la roca y, en concreto, un monumental edificio singular tripartito datado en el siglo IV a.C. Está formado por tres estancias cuadrangulares de unos 40 metros cuadrados, independientes pero comunicadas entre sí por un pasillo también retallado y con un parapeto en la parte de poniente que lo separa del precipicio. La entrada a cada una de ellas, en algunos casos escalonada, se sitúa en el lado oeste, buscando una intencionada orientación solar, hecho que cobra mayor relevancia en la estancia localizada al sur, la de mayores dimensiones. En la parte más baja del yacimiento se descubrió un gran Foso de 70 metros de largo y 4 metros de alto en su parte más elevada, posiblemente de carácter defensivo.
Un siglo más tarde esta construcción fue abandonada, posiblemente a causa de un terremoto, y no fue reutilizada hasta época romana y después visigoda, como un lugar de recogimiento de los eremitas vinculados al cercano Monasterio Servitano de Cañaveruelas. En la parte superior se han encontrado contenedores y hogares con cenizas pertenecientes a esta época y, dado que no vaciaron el contenido de las estancias y dejaron todo el estrato de materiales in situ, estas han servido como una cápsula del tiempo. |