El conjunto de La Nariz se encuentra situado a 1330 m.s.n.m., en la ladera meridional de la Sierra de Calares de la Capilla (Moratalla), en un cantil próximo a la cumbre donde se localiza un poblado argárico. Son cinco cavidades que se abren frente a una reducida plataforma en pendiente y de difícil acceso. Las dos cavidades intermedias, de menores proporciones pero más profundas, se asemejan en la distancia con unas fosas nasales, aspecto por el que recibe el nombre de La Nariz.
El santuario propiamente dicho ocupa dos cavidades (A y B) separadas por una distancia de 4 m. Constan de una entrada de 2 por 2 m. que da a una sala cuadrangular de 2 m. de ancho por entre 10 y 13 de profundidad, con altura descendente hacia el fondo. En su interior se documenta una surgencia que vertería a un pilón de forma cúbica de 1 m. de lado. En la plataforma exterior aparecen los restos de una construcción de reducidas dimensiones.
Los materiales arqueológicos son frecuentes en uno de los sectores, fundamentalmente cerámicas compuestas por pastas comunes, asociadas a anforiformes y tinajillas, cerámicas de cocina, ollas de borde vuelto y producciones de importación. Especialmente significativo fue el hallazgo de un fragmento cerámico pintado que muestra una figura femenina, sacerdotisa o diosa. Por otro lado, también se encuentra industria lítica en sílex y cuarcita, así como se tiene referencia del hallazgo de objetos en bronce y de un as republicano. Asimismo, se han documentado exvotos y ofrendas sobre la roca y dentro de pequeñas grietas: adornos de carácter personal, fíbulas, anillos, pulseras, pequeñas puntas de flecha, pesas de telar, fusayolas, punzones y conchas de almejas. Estos elementos denotan la realización de ciertas prácticas. Por ejemplo, la presencia de anillos y aros se ha relacionado con la iniciación y la posible ofrenda ritual de pelo en la Umbría, al igual que en otros lugares del Mediterráneo antiguo y en los santuarios íberos de la Alta Andalucía.
Tanto las características de los materiales cerámicos como el patrón de asentamiento, esto es, un espolón cerrado con muralla, se ajustan al modelo de poblamiento de la Edad del Bronce conocido en la comarca, si bien no se encuentran elementos que se puedan considerar como argáricos.
Esta cueva sería frecuentada entre los siglos II – I a.C., como evidencian los materiales en ella aparecidos. Por sus características físicas, topografía, dificultad de acceso y la asociación cueva–agua–lobo, se ha interpretado como un santuario relacionado con ritos de iniciación. Además, la figura femenina del vaso se ha relacionado con Hécate, una divinidad de carácter infernal, ctónica y celeste al mismo tiempo y protectora de la población, que cabe considerar el equivalente femenino del Apolo Lykaios–Soracte, al estar asociada a los mismos elementos característicos de ritos de iniciación. |