LUGARES ARQUEOLÓGICOS EN ESPAÑA

SANTUARIO IBÉRICO CUEVA DE LA LOBERA

El asentamiento arqueológico de los Altos del Sotillo o Cueva de la Lobera (Castellar, Jaén) presenta ocupación desde la Edad del Bronce hasta época romana, destacando la existencia de un santuario de época ibérica del siglo IV y III a.C. El santuario ibérico está integrado en un acantilado rocoso de tipo dolomítico orientado al Norte y del que parte una fuerte pendiente en la que han sido acondicionadas cuatro terrazas superpuestas. Cinco cuevas se abren al pie de estas paredes rocosas. La principal, la Cueva de la Lobera, se presenta sobre la denominada primera terraza que, con toda probabilidad, un día estuvo cubierta por el montículo de las ofrendas. Esta terraza, de unos cuarenta metros de largo, fue tallada parcialmente en la dolomía y debía estar rodeada de rocas y de grandes bloques dispuestos como parapeto, de los que quedan algunas evidencias y que formarían un verdadero muro de contención. El acceso se realizaba por el Este desde la segunda terraza y a través de una rampa orientada NE-SO, la cual ascendía hacia el espacio inmediato de la cueva y donde se realizarían las ofrendas frente a la cavidad artificial, centro del culto. La mayor de las cuevas, denominada Caverna del Ídolo, contaba con una explanada artificial de ciento setenta metros donde se reunirían los fieles para adorar a las divinidades iberas. La visión que desde el Sur debía ofrecer el santuario sería la de un modelo de ocupación en terrazas, coronado por el abrigo desde su terraza de mayor altura. A sus pies, un sistema de viales con dos tratamientos distintos en el pavimento: los que siguen las curvas de nivel, mejor acabados con uso de enlosados, y que son cruzados por otros ascendentes con un tosco sistema de escalonamientos.

En este yacimiento se encontraron numerosos exvotos ibéricos (conocidos como "muñecos"). El santuario fue construido sobre una cornisa rocosa formada por varias cuevas naturales. El núcleo central corresponde a la Cueva de la Lobera, que se hallaba próxima a dos manantiales, la Fuente del Caño y la del Cotillo.

Se encontró una magnífica colección exvotos, cerca de tres mil de estas figurillas, a través de los cuales los antiguos iberos trataban de comunicarse con sus dioses. Los exvotos de bronce, de entre cinco y veinte centímetros de tamaño, representaban a figuras masculinas y femeninas orantes, guerreros a pie, y animales.