Este es uno de los grandes yacimientos de Menorca; un enorme poblado que, además de numerosas construcciones en su interior y su exterior, conserva íntegro el perímetro de su muralla. Hay dos hipogeos pretalayóticos, un posible naviforme, cuatro talayots, numerosas viviendas talayóticas, la muralla con sus baluartes defensivos y su santuario o recinto de taula. Dos grandes piedras que se encontraron, con la inscripción "LACESE" en letras grandes y toscas corresponden, posiblemente, al nombre que recibía el poblado; seguramente estaban ubicadas en las entradas del mismo.
La aldea prehistórica tiene sus orígenes en la Edad del Bronce y adquiere su máxima expansión, probablemente, poco antes de la conquista romana de Menorca, en el siglo III – II a.C. cuando se refuerza la muralla de 870 m que rodea el conjunto con una serie de torres rectangulares. Ocupando una posición central se encuentra el santuario con la taula, actualmente con la piedra capitel caída y fragmentada y en el sector nordeste, junto a la muralla se localizan cuatro talayots, posiblemente relacionados con el sistema defensivo de la aldea. También en esa zona, de cara al norte, se encuentra la única puerta conocida hasta ahora. Hasta la fecha sólo se ha excavado el santuario y algún pequeño sector de la muralla, aunque son excavaciones antiguas de las que apenas se conocen detalles. Sin duda el núcleo urbano se siguió utilizando hasta los últimos momentos del Imperio Romano.
En la muralla del poblado se pueden distinguir varias técnicas constructivas, correspondientes seguramente a épocas distintas de construcción y posteriores reformas. La técnica más antigua, la más típica talayótica, se distingue por sus orstostatos: piedras irregulares pero planas, dispuestas verticalmente. Otras técnicas, posiblemente posteriores, se suelen reconocer porque las piedras son más regulares. Además, en Son Catlar, hay unos adosamientos en forma de baluartes defensivos rectangulares, construidos con técnicas más modernas: sillares rectangulares dispuestos en hiladas. Estos baluartes, ya de clara influencia clásica pueden ser de los años finales de la cultura talayótica (postalayóticos), o incluso de inicios de la época de colonización romana. El poblado perduró, más o menos en decadencia, hasta la edad media.
El poblado tiene forma de "L", con su lado largo orientado más o menos hacia el noroeste. En el lado corto de la "L", pegado a la muralla, se encuentra el primer talayot que, como todo en este poblado, es bastante monumental, pero está prácticamente enterrado entre piedras acumuladas por los payeses a lo largo de los siglos. En la parte interior del poblado, este talayot está rodeado por una especie de muralla. Cerca del extremo corto de la "L", extramuros, nos encontramos una posible habitación naviforme y las ruinas de un círculo, o vivienda talayótica, lo que indica que, ya antes de los tiempos romanos, la población había superado los límites del perímetro de la muralla. Esta vivienda, como ocurre casi siempre en las ruinas talayóticas de Menorca, se distingue perfectamente por una serie de piedras monolíticas verticales, como columnas.
Ya en el vértice interior de la "L" nos encontramos el núcleo más interesante: la puerta norte, que está en perfecto estado, nos permite la entrada al interior del recinto. Hacia el este, un talayot. Hacia el oeste, otro talayot con restos de otros dos círculos a ambos lados de él. Adosada al talayot y a la muralla, hay una sala hipóstila, de la que se conserva su cobertura sólo en una esquina.
La mayoría de muros que se identifican tanto en el interior como en el exterior del recinto amurallado son restos de las casa de los pobladores de Son Catlar. Las que se adosan radialmente a los talayots son las más antiguas y datan de la época talayótica (850 – 550 a.C.) mientras que las de planta circular y grandes pilastras centrales que conocemos como círculos son las propias del postalayótico (550 – 123 a.C.) y pueden llegar a perdurar hasta la época islámica. En algunos casos se encuentran salas hipóstilas adosadas a algunos de los círculos. Se trata de construcciones con una o dos columnas centrales cubiertas con grandes losas colocadas radialmente. La función de estas salas se debe relacionar con el almacenamiento de víveres, posiblemente cereales.
Si nos internamos hacia el interior del poblado, a escasos metros llegaremos a la parte posterior del santuario, o recinto de taula. Lástima que falte la mitad superior de la piedra soporte del monumento central y su capitel, porque la construcción del santuario entero es espectacular. Esta taula tiene dos cosas únicas: un pequeño aljibe en su interior, y dos entradas en su fachada, en lugar de sólo una. Su estado de destrucción se debe a que se utilizó como cantera.
Si continuamos por el interior hacia el extremo largo de la "L", veremos entre la vegetación y los abundantes "clapers" modernos (amontonamientos de piedras hechos para retirar éstas de los campos de labranza) algunas columnas monolíticas que delatan la presencia de más viviendas. Ya en el extremo de la "L", al lado de la muralla, está el cuarto talayot. También vemos más columnas monolíticas, de nuevo delatándonos la presencia de círculos (viviendas). En este lugar, hay en la muralla unos huecos que hacían las veces de garitas de vigilancia, muy similares a los que se pueden ver en el poblado de Torre Llafuda. |