La Serreta es un poblado ibero mencionado con frecuencia en la bibliografía especializada que ha sido objeto de estudio y excavaciones desde su descubrimiento en 1917 hasta hoy.
Lo primero que nos encontramos son los restos de una singular estructura defensiva que protegía la entrada al poblado. Aunque las carrascas han crecido sobre los muros, todavía se puede observar como conforma un estrecho corredor, de algo más de cinco metros de longitud, que facilitaba el flanqueo y la defensa ante cualquier agresor que intentara forzar el ingreso. También se ha conservado una canalización que desaguaba al exterior de la muralla. Esta construcción defensiva se realizó en un momento de crisis que marcó el fin del poblado que pudo estar relacionado con las Guerras Púnicas o con el posterior control romano del territorio.
A la izquierda del bastión se ven unos metros de murallas que afloraron en la excavación. Muchos metros de muralla aún permanecen enterrados. Junto al bastión y a la izquierda del camino de entrada, en el exterior del poblado, se hallaba la necrópolis. Se encontraron más de 80 sepulturas, pocas con urna (solo 13), la mayoría en bolsadas de cenizas depositadas entre las oquedades de la roca. De lo encontrado destaca la empuñadura de una de las falcatas encontradas.
El santuario potenciaba aún más el papel predominante de este oppidum en la región, dándole el papel, podríamos decir, de capital ibera. Las cámaras que lo conformaban asemejan a un modelo oriental, compuesto por vestíbulo, una sala rectangular y un santuario con el piso a mayor altura. Los restos conservados probablemente son de época romana pues la estructura estaba techada con tejas romanas. Seguramente se suplantó una construcción ibera preexistente de la que no quedaría nada. Las paredes del santuario que dan a la vertiente Norte de la Sierra son parte de la muralla del poblado. Podemos seguirla hasta las ruinas de lo que fue una caseta de observación construida en la Guerra Civil para avisar de los bombardeos. Poco más adelante está el vértice geodésico, donde se nos ofrece un amplio paisaje de sierras, valles y pueblos que deleita la vista.
El hallazgo más importante del poblado fueron seis láminas de plomo escritas en lenguaje ibérico que fueron la piedra angular para descifrar la escritura ibérica. Desgraciadamente aunque sabemos leerla todavía no se ha conseguido su traducción. Muchos historiadores y filólogos lo han intentado, pero sin resultados definitivos. Estos plomos, así como buena parte del material encontrado en el yacimiento se pueden contemplar en el Museo Arqueológico de Alcoi.
El periodo más importante del poblado se fecha en el siglo III a.C. En esta época, era la capital de un extenso territorio que abarcaba los valles que hoy podemos contemplar desde la cima de la sierra. Era un centro político y administrativo que dominaba las rutas de comunicación. El santuario aumentaba la cohesión social y reafirmaba el papel predominante de las elites. Las fortificaciones además de tener un fin defensivo aumentan el prestigio del grupo, ya que muestran la potencia económica y la organización política que son necesarias para su construcción. |