LUGARES ARQUEOLÓGICOS EN ESPAÑA

POBLADO PREHISTÓRICO DE EL TABAYÁ

Fueron los musulmanes que habitaron el Castillo del Río, seguramente, quienes pusieron el nombre a la Sierra del Tabayá; la sierra pared, la sierra muro, del árabe tabiyyá, vocablo que se usa para denominar los muros fabricados en tapial. La sierra, también denominada desde antiguo como Tabaiá y Tabeyán, es conocida por albergar, en sus cotas superiores, uno de los yacimientos de la Edad del Bronce más interesantes de la Comunidad Valenciana. Se encuentra hacia los 305 metros de altura, con un desnivel de aproximadamente 130 metros sobre el Río Vinalopó y una pendiente muy fuerte, casi del 50 %.

El yacimiento se dio a conocer en 1982 con la presencia de cerámicas pertenecientes al Bronce Final y a los Campos de Urnas, en una estructura tumular alterada por clandestinos. En 1987, el Dr. Hernández Pérez inició la primera de las cinco campañas de excavación arqueológica que dedicó a éste yacimiento y que depararon un importante volumen de información y de restos materiales, sobre todo cerámicas, que actualmente se encuentran en el MARQ.

Por otra parte, la publicación de un cuenco campaniforme recuperado en los niveles más antiguos del yacimiento, hace que nos encontremos ante un poblado que presenta una secuencia cultural amplia que abarcaría desde la época denominada como Campaniforme, hacia la mitad del III milenio antes de nuestra era, hasta el primer tercio del I milenio a.C. pasando por un periodo de fuerte influencia argárica.

En la primera campaña de excavaciones se localizó un enterramiento singular de un individuo masculino en decúbito lateral derecho que portaba una alabarda de bronce, pieza vinculada a elementos de prestigio que refuerzan, aún más si cabe, la presencia de élites sociales en estos momentos de la prehistoria: tan sólo unos pocos individuos se encuentran enterrados bajo los niveles de habitación, individuos de varias edades, pues algunos niños se han localizado inhumados en vasijas de barro, posiblemente del mismo linaje.

Desde el punto de vista espacial o territorial, el poblado de El Tabayá se encuentra en el límite o frontera entre dos culturas propias de la Edad del Bronce: la cultura argárica y la cultura del bronce meridional valenciano. Y posiblemente perteneció a ambas, en distintos momentos de su historia, tal como ocurre en muchos poblados contemporáneos del valle del Vinalopó, encontrando, en la Vega Baja, asentamientos eminentemente argáricos y, en la Alcoiá, otros del Bronce valenciano.

Se ha considerado la cultura argárica como una de las primeras sociedades Estado de nuestra prehistoria reciente. Se caracteriza por poblados situados en cerros elevados, con buena visibilidad, control de las vías de paso y cercanos a recursos hídricos. Llegaron a tener, en ocasiones, sistemas defensivos formados por murallas y torres. Este denominado "encastillamiento", que ya empieza a darse en el Campaniforme, se considera como el punto de no retorno entre las sociedades segmentarias, de alto grado de igualdad social, propias del Neolítico anterior, y la jerarquización social emergente que observamos, sobre todo en los enterramientos, en estos poblados del II milenio antes de nuestra era.

El nombre de cultura argárica viene del emblemático yacimiento de El Argar, en Antas, Almería. Sus poblados, además de las características antes mencionadas, poseen una clara uniformidad material, la abundancia de armamento militar y de prestigio fabricado en bronce y una progresiva diferenciación social. Su expansión territorial coincide al norte con los valles del Vinalopó y al sur ocupando las provincias de Murcia, Almería y parte de la de Granada.

El denominado Bronce Valenciano ocupa el espacio geográfico al norte de los valles del Vinalopó y llega hasta zonas meridionales de la provincia de Castellón. No presenta una uniformidad en su cultura material tan apreciable como la que se observa en el bronce argárico. Las relaciones ente los poblados, probablemente, no son tan importantes y, éstos, gozarían de una cierta autonomía política y económica en parte ajena a los importantes circuitos comerciales argáricos. No obstante, la existencia cercana de un Estado en expansión sugiere también la existencia, en su periferia, de una organización lo suficientemente estable como para mantener su autonomía.

Sus casas se construían con una base de muros levantados en mampostería ordinaria. Trabados con barro y yeso, cuando éste estaba disponible. Las paredes se apoyaban, a modo de terrazas, en la ladera del cerro y sus techumbres, soportadas por postes de madera anclados en el suelo, se construían con barro y paja sobre una empalizada. Sobre los pavimentos de tierra apisonada, fina, arcillosa o yesífera, encontramos pequeños hornos, cubetas de barro para el agua, molinos de piedra para moler el cereal, poyos para la colocación de vasijas. Por la fachada más amplia colgaban esteras de esparto y, posiblemente, la estancia, ocupada por una extensa familia, compartía el espacio con sus cabezas de ganado.

José Ramón García Gandía