El cerro de la Salud se encuentra en las estribaciones de Mesa Cortada, dentro de la Sierra de la Tercia-Lorca. En el momento de su ocupación ofrecía un territorio muy fértil para explotar gracias a que en las inmediaciones se encuentra la cuenca del Guadalentín con unos recursos hídricos que durante la Edad del Bronce debieron ser más abundantes que en la actualidad. Los yacimientos que encontramos en la parte amesetada son el poblamiento del Cerro de la Salud y los enterramientos conocidos como la Cueva Sagrada I y Cueva Sagrada II, ambos yacimientos se encuadran en el III milenio a.C., teniendo una etapa de contemporaneidad a mediados de este milenio, entre el 2.300 – 2.400 a.C. Solo se ha documentado, tras los trabajos arqueológicos, esta amplia etapa de ocupación que se sitúa entre finales del Neolítico y principios del Calcolítico. Destaca un tejido de lino que se considera uno de los tejidos más antiguos de Europa.
El poblado, que en superficie fue arrasado por la actuación de las máquinas para la repoblación de árboles; todavía ofreció bastante restos arqueológicos e incluso se han podido localizar varios agujeros de poste para cabañas, junto con hogares y zonas de trabajo de silex que en su conjunto ofrecían la distribución del hábitat del cabezo.
El poblado de la Virgen de la Salud fue un pequeño asentamiento en el que pudo concentrarse una reducida población de entre 20 y 30 personas, si tenemos en cuenta el número de estructuras de viviendas detectadas entre la zona excavada y las limítrofes y las evidencias de hogares, no más de 7. La población se concentró en la zona amesetada del cerro, naturalmente delimitada y protegida por cantiles en sus vertientes este y sureste, mientras que la zona oeste y noreste, que estuvo delimitada por un pequeño muro protector del que se detectaron varias evidencias, termina en una pendiente suave hacia el oeste y más abrupta hacia el noreste, que conduce a la pequeña rambla tributaria de la del Saltador.
Sobre la zona amesetada de la cumbre del cerro se asentaron, como mínimo, siete pequeñas viviendas distribuidas por el terreno llano y el silo para la conservación de los productos agrícolas. Las viviendas eran todas de reducido tamaño y de planta circular irregular de unos 2,30 m de diámetro, estaban construidas básicamente con materiales lígneos con postes centrales que soportaban una cubierta de ramaje, que descansaría sobre un entramado de ramas que partía de un eje central situado sobre el poste que la sostenía en el centro de la estructura, sobre la que se extendía una capa de barro mezclado con paja o fibras, que serviría de principal elemento impermeabilizador.
Las cabañas tenían un hogar excéntrico, delimitado por un círculo de piedras y en el exterior había otras zonas de hogar, distribuidas por diversas áreas del cabezo. El hogar con mayores dimensiones se localizó en la zona central excavada y tenía 1,10 m. de diámetro. En su interior se localizaron abundantes cenizas, pequeñas piedras con evidencias de haber estado sometidas a la acción del fuego, algunos restos de carbón vegetal, restos óseos parcialmente calcinados de fauna de ovicápridos y algunos pequeños fragmentos de cerámica. En total se identificaron siete hogares, cuatro de ellos situados en el exterior de las cabañas, distribuidos de forma arbitraria por el terreno del poblado. Los fondos de cabaña tenían un piso de arcilla endurecida y en dos de los casos una zona empedrada con pequeños guijarros situada sobre el piso arcilloso.
La vinculación de los habitantes de la Virgen de la Salud con el enterramiento colectivo de Cueva Sagrada I es bastante probable, dada la proximidad entre ambos yacimientos y la similitud en buena parte de los materiales arqueológicos. De especial interés en este sentido son las similitudes de las varillas óseas aplanadas, destinadas al trabajo textil en el telar, halladas tanto en el enterramiento como en el poblado. Una de las varillas halladas en el poblado presenta decoración incisa en su extremo proximal, prácticamente igual a otras dos halladas en la cueva sepulcral. Estas varillas deben asociarse a la presencia de las túnicas de lino halladas en la cueva sepulcral, puesto que eran utilizadas para la elaboración de este tipo de productos textiles. Esa vinculación de la cueva debe extenderse a las otras cavidades funerarias del entorno próximo, Cueva Sagrada II y III, aunque hayan llegado a nosotros expoliadas por excavadores clandestinos. |