Con el nombre de minas prehistóricas de Gavá Tintorer se designa una amplia área situada en el término municipal de Gavá (provincia de Barcelona), que comprende el yacimiento arqueológico de Can Tintorer, importante explotación minera en época neolítica, y las zonas contiguas de la sierra de Les Ferreres, áreas que por los diversos vestigios arqueológicos detectados y sobre todo a causa de su configuración geológica están vinculadas al mismo yacimiento minero del que formaba parte el área de Can Tintorer.
El yacimiento de las minas prehistóricas de Gavá-Can Tintorer constituye la primera gran explotación minera subterránea neolítica hallada en la península ibérica y, en el contexto europeo, es el único yacimiento con pruebas evidentes de explotación de la calaíta a gran escala. Los restos de la explotación minera de la zona de Can Tintorer constituyen una compleja red de galerías subterráneas excavadas en los esquistos de la zona y dispuestas en diferentes niveles, que se comunicaban entre sí, formando salas más amplias, a las que se accedía desde la superficie por medio de pozos o galerías inclinadas.
Las mediciones de radiocarbono dan una cronología absoluta para las galerías más antiguas, de unos 5.500 años AP en el Neolítico Antiguo evolucionado poscardial, continuando su explotación en el Neolítico Medio hasta interrumpirse a finales de este período, hace unos 4.500 años. La primera materia principal que se extraía eran los aluminofosfatos (variscita, metavariscita, variscita férrica y turquesa), minerales que toman el nombre genérico de calaíta, y que se utilizaban para la fabricación de objetos ornamentales personales. También extrajeron otros minerales, que cortándolos servirán para fabricar herramientas (sílex y ópalo). A su vez, debieron aprovechar el cuarzo, con el que se fabricaban determinados instrumentos, y el ocre que les servía para elaborar pigmentos.
Posteriormente, en épocas ibérica y romana, y después también en la contemporánea, se volvió a explotar al yacimiento para la obtención de mineral de hierro.
Durante el neolítico el sistema de extracción de la variscita fue subterráneo, con una distribución y morfología de estructuras de extracción adaptadas a la geología de la zona. Estas estructuras subterráneas presentan diferentes grados de complejidad. Las más sencillas se encuentran en lugares donde podía haber afloramientos de minerales. Son estructuras aisladas, con pozo de acceso y una galería de longitud e inclinación variable que pueden finalizar con alguna bifurcación. Las estructuras más complejas tienen interconexiones entre ellas, con galerías, pozos interiores y cámaras abiertas para seguir los minerales. Se pueden encontrar galerías de prospección, la finalidad de las cuales era acceder a zonas de pizarras ricas en minerales. Hasta la actualidad se han localizado 110 puntos de extracción minera.
El utillaje usado para la extracción minera se ha recuperado de los mismos rellenos de las minas. Era diverso y a la vez especializado. Por un lado, se ha recuperado utillaje pesado, como picos y mazas de corneana. Por otro, hay utillaje de hueso, como cinceles hechos a partir de metápodos de buey, que se usaban con percusores de cuarzo, la finalidad de los cuales era la rotura de las grietas y capas de pizarra para la extracción del mineral.
Las cuentas de variscita en proceso de elaboración que se han recuperado permite afirmar que éstas se elaboraban en el mismo yacimiento. Se empezaba separando la variscita de la pizarra y se elegían los fragmentos sin impurezas para evitar roturas. Después se les daba forma cortándolas y puliéndolas con pulidores de gres. Se elaboraban principalmente collares y brazaletes, de número variable de cuentas que podían combinarse con piezas de otros minerales. |