La necrópolis de El Monte Areo es una extensa necrópolis que cumple el papel de un complejo funerario múltiple, reuniendo sobre un eje de poco más de cuatro kilómetros, distintos agrupamientos de tumbas, verosímilmente correspondientes a comunidades prehistórica diferentes, localizables tanto al N. como al S. de la sierra, disponiendo seguramente de territorios de hábitat y de aprovechamiento económico establecidos con cierta precisión.
Del uso funerario y ceremonial de este Monte se identifican todavía una treintena de monumentos tumulares en grado distinto de conservación, si bien describiendo un ámbito monumental organizado en necrópolis de dos o tres de tales túmulos, localizado perfectamente en las parroquias de El Valle y Guimarán, ambas en el concejo de Carreño. Globalmente la dispersión tumular se extiende en un eje de 4.300 metros desde el conjunto de El Llano, el más occidental, hasta los túmulos números XVIII y XIX, en el oriental.
Del análisis de los monumentos y de sus contenidos instrumentales (ofrendas mortuorias) podemos inferir conductas distintas que acaso señalen también tiempos diferentes en el uso funerario del Monte. En tal supuesto, los monumentos de Les Huelgues de San Pablo podrían corresponder a un momento más antiguo o arcaizante que los sepulcros erigidos en El Llano. Tanto la información arqueológica con sus sistemas propios de aproximación cronológica, como la proveniente del método del C-14, permite afirmar que, al menos, el tiempo de vigencia de la necrópolis del Monte Areo, en El Llano y Les Huelgues de San Pablo, se establece entre los últimos siglos del IV y comienzos del III milenio a.C.
En la actualidad existen 33 túmulos funerarios del Neolítico repartidos por la mitad de la ladera y la cima, en dos zonas denominadas los Llanos y Les Huelgues de San Pablo, lo que nos indica la grandes connotaciones sagradas en la zona desde hace varios milenios. Los túmulos están realizados por capas alternas de tierra y piedra. También hay dos cámaras funerarias de planta cuadrada, un dolmen de planta trapezoidal y un corredor corto de un solo tramo. Esta última estructura adquiere especial relieve, ya que los dólmenes de corredor son infrecuentes en el ámbito cantábrico.
El conjunto de ofrenda que constituyen los ajuares funerarios, desde las hachas pulimentadas hasta las numerosas lámina de sílex, las puntas de flecha o ciertos objetos de adorno o suntuarios, en azabache o cristal de roca, expresa las directrices técnicas y culturales de las poblaciones neolíticas, así como fenómenos de gran interés como la selección-importación de manufacturas o formas remotas de comercio. |