En la Alcarria conquense, la mina del Pozolacueva es otra de las labores mineras romanas de Lapis specularis que fueron explotadas durante el Imperio. La mina se encuentra en el paraje conocido como el "Cerro de la Cueva" en la dehesa del Espinar en Torralba y forma parte de uno de los conjuntos mineros más septentrionales de la minería del yeso especular de Cuenca. Se puede acceder al interior de la mina del Pozolacueva mediante un túnel artificial practicado al efecto y contando con un pozo de extracción que hace también las veces de salida de emergencia. El desarrollo subterráneo practicable es de cuatrocientos cincuenta y ocho metros de recorrido, donde se aprecia la posible continuación del minado en varias direcciones, pero la colmatación existente, así como las obturaciones y los hundimientos producidos, imposibilitan cualquier tipo de progresión.
Las minas del complejo minero romano de lapis specularis de Torralba, se encuentran bastante próximas entre sí, ocupando una extensión y espacio de casi unas tres hectáreas de la dehesa del Espinar. En su mayoría, son pozos mineros cegados y con sus características formas de hoyos o hundimientos sobre el terreno, producto de las colmataciones y rellenos posteriores que se produjeron en los pozos. En superficie y alrededor de los pozos cerrados, se sitúan las escombreras mineras, con restos de yeso espejuelo procesado o desechado y que a modo de corona de la depresión, circundan las minas. En total, el complejo minero de Torralba cuenta con otros seis minados romanos más, aparte de la mina del Pozolacueva, formando un conjunto coherente y ordenado, organizado como un área de explotación minera y con un entramado arqueológico asociado a las instalaciones. Los filones de yeso de las minas de Torralba, presentan como hemos mencionado grandes cristales seleníticos, si bien su estructura interna es bastante endeble y quebradiza, por lo que la extracción y procesado de las placas de espejuelo de estas minas, era más dificultosa y compleja debido a su fragilidad, que en otros minados del distrito minero cuyos yesos son más compactos y, por lo tanto mejores en su tratamiento a la hora de obtener módulos de yeso útiles para su posible comercialización. Los grandes cristales de yeso de Torralba, solían fracturarse por su planos de debilidad, imposibilitando en gran medida su manipulación y trabajo, especialmente al exfoliarse en láminas las placas extraídas de lapis specularis, ya que éstas se resquebrajaban en sus puntos más débiles por carecer su estructura de la necesaria homogeneidad orgánica, con lo que se fragmentaban, perdiendo así su posible funcionalidad como producto comercial, al no poderse aplicar en los formatos normalizados y estandarizados para su uso y empleo como material de construcción. De ahí, la gran cantidad de piezas de cristal de yeso desechadas que hay, y que podemos encontrar abandonadas en el interior de la mina del Pozolacueva. |