El enclave arqueológico de Los Millares se localiza en al municipio de Santa Fé de Mondújar (Almería) en una meseta con forma de espolón entre La rambla de Huéchar y el río Andarax, a 20 km. de su desembocadura. El yacimiento es un referente del Calcolítico a nivel europeo, ya que su organización espacial demuestra una extraordinaria complejidad funcional para el que fue su momento de ocupación (del 3.200 al 2.200 a.C.).
Se compone de un poblado con cuatro líneas de murallas concéntricas, una necrópolis de tumbas colectivas y un conjunto de 13 fortines, situados a ambos lados de la rambla de Huéchar, que completan el potente sistema defensivo que controló el asentamiento y su territorio más próximo.
El poblado de Los Millares está formado por tres líneas de muralla concéntricas, así como una ciudadela en el espacio más interno protegida por una muralla que la rodea. Situado sobre un espolón amesetado fue elegido por su posición estratégica, que controla el acceso desde el mar y los pasos desde la Sierra de Gádor por la Rambla de Huéchar mediante la construcción de una doble línea de fortines.
El poblado se localiza al interior de las murallas observándose cabañas de tipo circular, cuyas dimensiones pueden oscilar entre los 2,5 a los 6,20 metros. Estas se construyen mediante zócalos de mampostería de piedra trabadas con barro sobre los que alzaban paredes de barro y cañizos. La cubierta, construida a base de ramajes y barro, era soportada por las paredes y una serie de postes situados en el interior de las cabañas. El interior de las viviendas presenta hogares, bancos adosados a las paredes y pequeños recintos delimitados con lajas de piedra hincadas verticalmente que sirvieron para colocar vasijas de almacenamiento, junto a áreas de molienda de cereal. Asociadas a las cabañas también se han podido documentar fosas de distinto tamaño interpretándose en unos casos como silos y en otros como cisternas. Junto a las viviendas destacan otro tipo de estructuras como son diversos talleres metalúrgicos y el edificio singular.
Destaca el edificio singular, que ocupa la parte central de la explanada más interna en el interior de la Línea III, cuyas dimensiones superan al resto de las estructuras documentadas hasta el momento en el yacimiento. Así, este edificio se ha interpretado como un palacio-almacén, un edificio de carácter religioso o un edificio singular. La ciudadela, correspondiente al espacio más interno del asentamiento, posee otra muralla que la rodea, quedando aislada del resto del poblado.
Cada uno de los espacios anteriores queda rodeado por una muralla, existiendo hasta cuatro Líneas diferentes de muralla que corresponderían a sucesivas ampliaciones del poblado. Destaca por su monumentalidad y complejidad la Línea I o Muralla Exterior que presenta varios accesos, destacando la Barbacana o Puerta Central. Construida al comienzo como una simple entrada al poblado abriendo un vano en la muralla, se fue complicando paulatinamente hasta convertirse en una gran puerta monumental formada por dos antenas que se extienden hacia el exterior de la muralla.
La necrópolis está formada por unas 80 tumbas colectivas de grandes dimensiones (tholos) situadas sobre la parte occidental de la meseta al exterior del poblado ocupando unas 13 hectáreas. A nivel general la mayoría de las tumbas de Los Millares poseen una cámara circular con un diámetro entre los 3 y 6 m, construidas con mampostería irregular, revestida por un zócalo de esquistos, decorado en ocasiones con pinturas, con una cúpula realizado por aproximación de hiladas de piedra que cierran su techumbre, y que en ocasiones estaba sujeto por una columna central; y un corredor de longitud y anchura variable, que suele estar compartimentado por esquistos perforados a modo de anillos por los que se accede al interior de la cámara, que a veces presentan nichos laterales. El conjunto es antecedido normalmente por un vestíbulo trapezoidal, donde se localizan en ocasiones betilos, o pequeñas piezas cilíndricas que podrían representar a los distintos individuos enterrados en su interior. La cubierta se enterraba con un túmulo de tierra quedando completado por un sistema de anillos concéntricos formado por lajas de piedra.
El número de inhumaciones en cada tumba varía desde los 100 a los 20 individuos, tratándose de enterramientos colectivos. Así, en muchas ocasiones el espacio interno puede quedar totalmente ocupado tanto en la cámara, como en sus nichos laterales e incluso en el corredor. Entre los ajuares documentados destacan vasijas cerámicas como las cerámicas simbólicas, campaniformes, y objetos fabricados con materiales exóticos como marfil, huevos de avestruz, elementos de cobre, puntas de flecha y hojas de sílex, hachas e ídolos de hueso. Las tumbas forman distintos grupos distribuidos por distintas zonas de la meseta, formando diferentes agrupaciones que posiblemente reflejen distintas relaciones familiares, sociales, o simbólicas.
El control territorial es una de las características fundamentales que aparecen a lo largo del III milenio a.C. acentuado en el caso de Los Millares mediante la construcción de una serie de fortines alrededor del poblado. Estos fortines se construyen durante el Cobre Pleno (2.500 a.C.). Están defendidos por murallas concéntricas a las que se le adosan bastiones y puertas de entrada protegidas por muros antepuestos, siendo el caso más llamativo por su estructura y complejidad el Fortín I que posee una doble línea de murallas concéntricas y dos fosos que rodean toda la muralla exterior con una profundidad de hasta 6 metros del foso más interno. La muralla más interna corresponde al momento más antiguo y la muralla exterior se construye posteriormente, con un diámetro de casi 30 metros, tras el abandono del recinto más interno. Estas murallas se completarían con una serie de torres y bastiones que se abren desde las murallas, existiendo dos barbacanas situadas al este y al oeste con entradas en recodo. |