En el término municipal de Osa de la Vega se hallan dos de los complejos mineros de lapis specularis más interesantes de Castilla-La Mancha. En el mayor de ellos, se localiza la mina de La Condenada, una de las importantes y conocidas de la minería del yeso espejuelo o espejillo. Igualmente, en la misma población de Osa de la Vega, se encuentra el Centro de Estudios e Interpretación de la Minería Romana del Lapis Specularis, un edificio rehabilitado y adaptado a su uso expositivo y didáctico de proyección social y cultural, así como para el estudio e investigación de las minas romanas del yeso especular.
Las minas y yacimientos arqueológicos de Osa de la Vega han sido de los primeros en los que se ha intervenido arqueológicamente y también de los más estudiados hasta ahora por la investigación. Estos minados fueron explorados por algunos de los primeros pioneros de la Arqueología del siglo pasado que se adentraron en la mina, inspeccionando sus galerías y espacios mineros, conscientes de su valor e importancia. Más recientemente, con el comienzo del estudio de la minería del lapis specularis, se excavó arqueológicamente un área minera en Los Espejares en el año 1.998, así como un pozo de extracción en 1.999, y posteriormente en 2.001 una mina en su interior, La Condenada, donde se encontró un tesorillo de monedas visigodas y se pudieron documentar distintas fases de ocupación, así como otros aspectos técnicos y arqueológicos. Estos trabajos y actividades han permitido contar con una amplia documentación y una información en base a la experiencia acumulada que ha ayudado en gran medida al desarrollo de la investigación y al conocimiento de esta particular minería del llamado Cristal de Hispania.
La mina romana de La Condenada o La Condená es la principal de referencia del cerro de "Las Obradás" y del mayor complejo minero de Osa de la Vega. Presenta una trama laberíntica, con un desarrollo interno actualmente practicable de cerca de 1 kilómetro de recorrido subterráneo. Básicamente se compone de tres pisos o niveles mineros de explotación, accesibles entre sí mediante contrapozos y escaleras talladas, junto a galerías y rampas que los intercomunican, adaptándose a la morfología de explotación del minado en el seguimiento y beneficio de los filones del yeso cristalizado.
La Condenada cuenta así con las evidencias de las antiguas infraestructuras mineras romanas que posibilitaron su explotación, aunque parte de las galerías subterráneas y cámaras mineras se encuentran actualmente colmatadas de escombros o hundidas. La intervención arqueológica de 2.001 buscó esclarecer algunos aspectos técnicos de su explotación en su ámbito interno, así como para conocer otros usos posteriores del minado, entre los que cabe destacar el carácter sepulcral y funerario de reutilización de la mina en época visigoda como necrópolis colectiva y como lugar de refugio o donde guarecerse, especialmente en momentos de inestabilidad y tiempos de crisis. Así, se ha podido constatar desde su función como escondite por parte de buscados por la Santa Inquisición, hasta episodios de nuestra más cercana Guerra Civil, donde el minado se utilizó como refugio por los contendientes de uno u otro bando. Igualmente, la curiosidad y atracción que despierta el medio subterráneo como lugar de ocultamiento de posibles tesoros, ha propiciado también en todas las épocas la entrada de visitantes ocasionales a la búsqueda de las posibles riquezas y bienes escondidos en la misma, así como episodios de exploración de la más variada índole y casuística.
Durante los trabajos de exploración y topografía que se llevaron a cabo en La Condenada se descubrió de manera fortuita, en el fondo de un pozo minero y al final de la galería minera "77" en el nivel más profundo de la mina, un triente o tremis del reinado visigodo de Egica y Witiza. Una vez inspeccionado a fondo el lugar del hallazgo, se pudo comprobar que inmediato al mismo, se encontraba una pequeña galería minera disimulada y encubierta con un murete de arcilla y tierra compactada, que camuflaba la entrada. Con el paso del tiempo, la erosión y sobre todo los aportes de agua procedentes de las filtraciones, se destapó este acceso sellado intencionadamente, dejando así al descubierto la ocultación de un tesorillo numismático fechable en los últimos momentos del reino visigodo en España.
Tras el hallazgo de una segunda moneda en superficie y a unos escasos dos metros dentro de la galería que se ocultaba tras el muro y anexa al pozo, se procedió a realizar una excavación arqueológica, tanto en la galería mencionada como en otros sectores de la mina en los que había constancia de la presencia de enterramientos visigodos, que aprovecharon y reutilizaron la antigua explotación minera romana como particular y singular espacio de enterramiento. La intervención dio como resultado el descubrimiento de un conjunto monetario enterrado a apenas diez centímetros de profundidad, con la aparición de un total de 15 trientes visigodos (algunos de ellos fragmentados). Junto con este tesorillo, se recuperó también un tirador metálico oxidado, presumiblemente el asa de la caja de madera que contenía las monedas y que en la excavación apareció desintegrada, de manera que solo permanecía la impronta de los restos de la caja, que delimitaba el espacio que ocupaba la ocultación del tesorillo. |