La Fortaleza de Chipude es un accidente geográfico de la isla de La Gomera (Canarias) ubicado en la zona de Chipude en el municipio de Vallehermoso. "Fortaleza" es el nombre que reciben determinadas montañas, de paredes rocosas y cima más o menos plana, asemejadas a un baluarte. La Fortaleza de Chipude es un domo de origen intrusivo, producto de una erupción volcánica, cuya lava se ha expandido al final del conducto de emisión, y que posteriormente ha sido modelado por la erosión siendo, además, una de las montañas más llamativas de Canarias, claramente visible desde la isla de La Palma. Alcanza una altitud de 1243 msnm, y su diámetro es de 300 metros.
El único acceso a ella es un estrecho y empinado paso que puede ser fácilmente bloqueado. Se han hallado numerosos yacimientos arqueológicos precoloniales en la cima. En 1874 Juan Bethencourt Alfonso estudió varias estructuras de piedra e interpretó la fortaleza como una «montaña sagrada», interpretación a la que se sumó René Verneau. En 1973 el Departamento de Arqueología de la Universidad de La Laguna realizó una excavación y estudio del yacimiento. Para Manuel Pellicer Catalán la mayoría de la construcciones eran meras cabañas pastoriles, interpretando la fortaleza como un asentamiento estacional. En 1994 Juan Francisco Navarro Mederos identifica tanto estructuras habitacionales (cabañas), como aras y otras construcciones dedicadas a rituales religiosos.
Bethencourt Alfonso señala que «en la superficie de esta meseta “[…] se advierte un gran número como de pequeños corrales hechos de piedra seca o sin argamasa, algunos de cantos rodados transportados de los barrancos; ya de figura circular o elíptica, que, desde luego, revelan su antigüedad […] y una arquitectura extraña al pueblo actual». Bethencourt, atendiendo a su "uso probable", los clasifica como: «edificios que parecen haber servido de viviendas al hombre […] de un metro de espesor, que fueron todos circulares, sólidamente edificados, de tres metros de diámetro, por uno y medio a dos metros de altura». En segundo lugar, "corrales", que estima debieron servir para encerrar ganado. El tercer grupo lo constituyen pequeños círculos de piedra, que él sospechó sirvieron para recoger líquidos, a modo de cazoletas, y que «estaban tapados como por una pequeña pirámide de piedra». Y por último, "monumentos que fueron verdaderos «pireos’». En el mejor conservado, destacó la presencia de «trozos de huesos de cabra y de cabrito calcinados, cuchillos de piedra, al parecer de fonolita, con los que sacrificaban las reses; pedazos de carbón y leña casi carbonizada que juzgamos son de brezo o tagasaste, y una piedra del tamaño de una naranja, redondeada por la mano del hombre y medio quemada, que ignoramos a qué uso se destinaría».
La excavación y estudio del yacimiento que llevó a cabo el Departamento de Arqueología de la Universidad de La Laguna en 1973 determinó la presencia de siete tipos de estructuras, que responderían a las categorías de cabaña circular, redil, conjunto de cabaña-redil, cabaña abrigo y hogar. En cuanto a la datación por Carbono 14 en una muestra de carbón vegetal, dio un cronología de 470+/-60 d.C. No obstante, la inexistencia de estratigrafía no permite establecer que no se utilizara con anterioridad, aunque sí aparece clara su reutilización posterior.
En la actualidad, el estado de este yacimiento, muestra las secuelas de su inadecuado uso, habiéndose modificado las estructuras originales para crear nuevos elementos como círculos concéntricos y espirales de piedra, supuestamente destinados a determinados "cultos", dañando así de forma irreversible este espacio patrimonial. |