LUGARES ARQUEOLÓGICOS EN ESPAÑA

DOLMEN DE KATILLOTXU

La estación megalítica de Katillotxu se sitúa en el cordal homónimo, sobre la desembocadura de la ría de Mundaka, en la margen occidental de la cuenca de Urdaibai. Engloba un conjunto arqueológico compuesto por cinco dólmenes y dos asentamientos al aire libre de cronología Neolítico avanzado-Calcolítico (IV-II a.C).

Juntos dentro de un área cerrada con vallas de madera a modo de protección para el ganado, tenemos dos dólmenes, Katillotxu I y V. De todos ellos el más interesante es el llamado katillotxu V por tener unas características especiales, como por ejemplo el haber tenido una decoración incisa en varias de sus lajas.

El dolmen de Katillotxu V fue descubierto en 2002. Tiene 12 m de diámetro por 0,75 m de altura, con una cámara sepulcral de planta rectangular alargada de 2,20 m de longitud por 0,80 m de anchura y orientación Sureste. Los bloques del sector SE (ortostatos 7-9 y 11-12) aparecen derrumbados y sellados por el núcleo terroso y coraza pétrea. Esta situación de derrumbe del sector SE se produce en el propio proceso constructivo del monumento, destacando y jerarquizando finalmente el sector occidental de la cámara, donde se concentran las estelas y ortostatos decorados de la cámara.

La arquitectura de Katillotxu V presenta marcadas diferencias con respecto al contiguo dolmen de Katillotxu I. El volumen y monumentalidad de Katillotxu V se consigue mediante la colocación de un núcleo de tierra, en el centro del cual se inserta la cámara funeraria. Finalmente, la parte más superficial del monumento se recubre con una coraza de bloques de arenisca, mostrando la imagen de un monumento de piedra, aunque conseguido con una menor inversión de trabajo. El área tumular se organiza en cinco anillos o franjas, de conservación desigual, con diferente disposición de los bloques de la coraza. Destaca, en la parte central del monumento, una franja de bloques imbricados a modo de escamas, en posición subvertical (en torno a 45º con respecto a la horizontal), delimitado en su perímetro exterior por un anillo de bloques colocados en posición vertical, a modo de peristalito. Todos los testigos conservados e identificados en la excavación se sitúan entre 5 y 5,70 metros del centro del monumento (tomado éste desde el interior de la cámara sepulcral).

El dolmen de Katillotxu V no ha conservado restos humanos por la acidez del suelo. Y el ajuar arqueológico asociado al uso funerario del monumento se limita a una lámina de sílex, localizada en el interior de la cámara. La aportación más relevante de Katillotxu V ha sido el descubrimiento de un conjunto de ocho piezas decoradas, que aparecen en contexto y organizadas en dos espacios del monumento: la cámara sepulcral y el túmulo. Entre los elementos decorados al interior de la cámara sepulcral destaca el ortostato 2 o losa de cabecera, con una forma rectangular y unas medidas de 0,90 m de altura, 0,67 m de anchura máxima y 0,12 de grosor. Posee un motivo grabado principal, un arma, que se asemeja de forma explícita a la tipología de las Puntas Palmera, trabajada con técnica de piqueteado y abrasión. El arma representada y la técnica utilizada son excepcionales en el contexto peninsular.

Una evidencia sólida del carácter intacto de la cámara sepulcral es la localización, en su interior, de una estela hincada en posición vertical (estela cameral nº 1): posee una fuerte concavidad en la zona superior, donde aparece una serie de líneas incisas en bandas paralelas. Esta concavidad está delimitada por un reborde de tendencia oval, muy regular y obtenido por piqueteado fino. Prácticamente en conexión con la estela nº 1, aunque infrapuesta a ésta a nivel estratigráfico, apareció la estela cameral nº 2, al pié de la losa de cabecera, subrayando la importancia de este sector en el total del sepulcro. Porta grabados, mediante piqueteado, dos semicírculos, y, en el centro, un óvalo con una línea vertical. Por último, el ortostato 5b, situado dentro del lateral Sur de la cámara, muestra un tema concéntrico.

El cordal de Katillotxu aporta una secuencia funeraria de dos milenios, entre el IV y II Milenio a.C. La fase neolítica de Katillotxu I dispone, por el momento, de una datación procedente de la base del monumento, que la sitúa en 3640-3380 a.C. Katillotxu V se construye y clausura en época calcolítica, situando la fase de cierre en 3000-2880 a.C. Complementariamente, Katillotxu I siguió en uso durante las fases iniciales del Calcolítico, a juzgar por la presencia puntual de alguna punta foliácea. Por último, en una fase avanzada de la Edad del Bronce (1450-1300 a.C.), el dolmen de Katillotxu I fue reutilizado, excavando una fosa en el interior de la cámara, en cuyo relleno se recuperan diversos fragmentos de un recipiente cerámico liso y restos de madera carbonizada.