La cueva de Los Tornillos es una de esas maravillas arqueológicas del valle de Liendo. Fue descubierta a principios del siglo XX. Ubicada en una fuerte pendiente, Los Tornillos se encuentra orientada hacia el Suroeste. Presenta una amplia boca de unos 7 metros de alto por 6 de ancho en donde se pueden apreciar grandes bloques que parecen desprendidos de la visera superior. Desde aquí se accede a un vestíbulo de unos 14 metros de profundidad. Desde el fondo del vestíbulo se accede a una gran sala de unos 12 metros de ancho por 16 de largo donde se aprecian nuevamente grandes bloques y abundantes fenómenos litológicos. Al fondo, la cueva finaliza en una pequeña gatera colmatada.
Tanto en superficie como en la pequeña gatera colmatada, se encontraron diferentes piezas líticas (una lasca, una raedera, dos raspadores y dos láminas) en silex, industria ósea (una esquirla con retoques en un extremo, una esquirla con denticulado alterno y un hueso biselado) y fragmentos cerámicos a mano (un asa decorada, y algunos con decoración plástica). Los restos de fauna abundan, destacando el ciervo y la cabra. Destaca también un conchero adherido a la izquierda del vestíbulo, con diferente variedad de restos de moluscos.
Al fondo de la cavidad, en una de las estalagmitas y en la pared de la sala se localizan dos conjuntos de líneas grabadas. El primero de los conjuntos, situado en la base de la estalagmita, presenta unos grabados gruesos formados por varias líneas largas y rectas, algunas de ellas entrecruzadas y otras paralelas. El segundo se encuentra a unos 40 cm de altura y son más finos que los anteriores, existen grupos de líneas orientados en distintas direcciones y dos pequeñas aspas. También se ha señalado un pequeño círculo en bajo-relieve. Por su tipología y por paralelos, se han atribuido al Bronce Final / albores de la Edad del Hierro si bien es cierto que hay hipótesis que los trasladan al Neolítico / Mesolítico. Todo ello con la mayor de las reservas. |