La cueva de La Soterraña, o Las Regadas como también se la conoce, fue reconocido por primera vez en la década de los 80 del siglo pasado. Se encuentra ubicada en un paraje a 540 metros de altitud. Posee una boca de unos 10 metros de ancho por 2 de alto orientada al Este. Este acceso da paso a un enorme vestíbulo, descendente, que se encuentra cubierto de grandes bloques. Las dimensiones de esta gran galería son de unos 55 metros de largo por 18 m de ancho. Por la izquierda se abre un estrecho laminador donde se pueden observar diferentes oseras donde en el pasado aparecieron restos de osos de las cavernas. Hacia el interior de la cavidad presenta un cambio de rumbo hacia la derecha y que asciende por una enorme colada hasta llegar a un imponente cono de derrubios que al parecer procede de la cueva de El Puyo. A la izquierda de esta galería, existe una rampa muy pronunciada que lleva a un lago de unos 40 m de longitud.
La gran mayoría de materiales aparecieron a la izquierda de la galería de entrada y en el cono de derrubios (al fondo), siendo de diferente índole. Destacan por su antigüedad varias piezas de silex y cuarcita, sobre todo una punta pseudo-Levallois, encontradas en el citado cono y perfectamente adscribibles a época musteriense. En el mismo cono aparecen, además, cerámicas lisas de la Edad del Hierro y cerámica medieval lista y estriada. Respecto al arte parietal, se encuentran evidencias de grabados muy gruesos en la pared derecha de la galería inicial. Para su ejecución se utilizó la técnica del camafeo y se unen a diferentes grabados lineales y marcas negras que se pueden identificar como Esquemático Abstracto.
La cueva conserva varios paneles de pinturas negras carbonosas, dispersas fundamentalmente por la pared derecha, que tienen el aspecto habitual de las manifestaciones esquemático-abstractas. Están acompañadas de los habituales cenizales o restos de jogueras en distintos lugares del suelo. Ya en las primeras exploraciones llamó la atención un particular sector del techo junto al mismo vestíbulo, ya en zona oscura y en su parte derecha, caracterizado por presentar a considerable altura —unos 3 m— un conjunto de grabados que, en un principio fueron identificados como figuras de animales. En este lugar es muy visible una amplia mancha circular de color negruzco, surcada por multitud de trazados hechos incidiendo o raspando con algún instrumento dicha película oscura, que tiene aspecto de depósito mineral (¿manganeso?). Los trazados son de mano segura y distintos grosores, y se distribuyen por toda la mancha negruzca, sobrepasándola sólo de modo puntual; si bien en dichos trazados no puede leerse ningún motivo iconográfico reconocible. Más hacia el interior ha sido identificado recientemente un nuevo grabado. Se encuentra nada más pasar la entrada a la galería lateral derecha, paralela a la principal y que conserva restos de oso. Se ha realizado sobre la cúspide de una cuchilla de lapiaz que se levanta junto a la pared derecha y paralela a ésta. |