La cueva de Los Moros es un sumidero fósil de unos 65 metros de recorrido. Posee una amplia boca, orientada al Sureste, de unos 14 m de ancho por 3 de alto en su punto máximo. El vestíbulo tiene una profundidad de 6 m en su parte izquierda y unos 9 m en la derecha, quedando dividido en dos partes por un pequeño murete. A medida que se accede hacia el interior la altura va en descenso hasta llegar a menos de un metro de altura. A la derecha del vestíbulo existe un paso que lleva a una única gran sala de 39 m de longitud que va estrechándose desde la zona más próxima al vestíbulo (con unos 25 m de ancho) hasta el fondo donde no supera los 10 m. La altura, a diferencia de la anchura, va de menos (2 m en la zona más próxima al vestíbulo) hasta los 14 m del fondo, donde abundan las coladas y las estalactitas de bella factura. Fue descubierta a principios del siglo XX.
Independientemente de los materiales encontrados, que ya en los estudios previos contextualizaba el yacimiento en el Paleolítico Superior (principalmente), el conjunto de grabados encontrado en la galería interior es especialmente destacable. Presenta cuatro animales además de un signo complejo y varias líneas aisladas. Curiosamente, aparece también un disco rojo que puede estar relacionado con el ojo de una de las figuras grabadas (un bisonte) en la parte derecha del friso de grabados. Esta representación posee además un detalle muy significativo ya que aparece con detalle anatómico muy característico de algunos conjuntos del Magdaleniense Medio en el Cantábrico: El bisonte aparece con la lengua fuera y "lanceolada" (en forma de punta de lanza). Además de ese bisonte, destacan los grabados de un caballo, el de otro bisonte más dudoso y un cuadrúpedo sin determinar que ha sido asociado a un cérvido.
Las características de los grabados y las similitudes que tienen con otras representaciones contextualizadas en yacimientos mejor datados, llevan a pensar que están cronológicamente adscritos al Magdaleniense Medio. |