LUGARES ARQUEOLÓGICOS EN ESPAÑA

CUEVA DE LOS AZULES

La cueva de Los Azules está situada en la misma localidad de Cangas de Onís, en el barrio de Contranquil, muy cerca de la unión de los ríos Güeña y Sella, en una ladera boscosa de la cara sur del monte Llueves.

Es una cueva que posee un buen dominio visual de ambos ríos y una gran variedad de recursos, podían pescar en las inmediaciones de la cueva, disponían de una masa boscosa abundante para las labores de recolección, de zonas de pasto donde era más fácil localizar a las presas y de grandes floraciones rocosas para abastecerse de piedra. Esta cueva posee, hacia el oeste, dos cavidades vecinas que están pendiente de estudio y que aún están soterradas por los desprendimientos de arena, sin embargo, algunos investigadores creen que es muy posible que también estuvieran habitadas.

Esta cavidad es parte de un gran abrigo rocoso que posee dos bocas de entrada y lo primero que destaca es el color azul verdoso de las paredes que da nombre a la cueva. La boca derecha es de techo bajo y en el interior se bifurca en tres estrechas galerías, dos de ellas comunican con la otra entrada y la tercera se adentra en la montaña en dirección noreste. La boca izquierda es de mayor tamaño y cuenta con la mayor parte de los restos líticos y óseos encontrados, azagayas, raederas, punzones y arpones entre otros azilienses.

Fue descubierta en 1972 y alberga niveles fértiles magdalenienses, pero si resulta verdaderamente conocida es por sus registros epipaleolíticos, correspondientes a la cultura Aziliense, (milenios X y VIII a.C.) de la que se ha convertido en yacimiento tipo de todo el área cantábrica. La ocupación de Los Azules, que se conozca hasta el momento, se establece durante el magdaleniense, al final del paleolítico, y durante el Aziliense a principios del Mesolítico. Las dataciones, por el momento, no son fijas ya que las excavaciones se han centrado en el período aziliense aunque se sabe que hay un gran yacimiento magdaleniense que aún no ha podido estudiarse. Con los restos recuperados la fecha se establece en torno al 11.000 BP. Los habitantes de esta caverna eran un grupo de cazadores – recolectores que ejercieron una actividad importante en la zona por la cantidad de restos encontrados. Sus piezas de caza principales eran en primer lugar el ciervo y después el jabalí; la proximidad con el río Sella y Güeña les proporcionó una gran cantidad de salmones y truchas, así como de moluscos.

El aspecto más destacado de Los Azules es que, en su interior, muy cerca de la entrada, se encontró el enterramiento de un hombre que murió hace 10.000 años BP, tenía entre 37 – 47 años, medía 1,70m de estatura, no tenía caries, era alto y fuerte. Su sepultura muestra claramente signos de algún tipo de ritual funerario, estos son la posición del cuerpo, el uso de ocre rojo y el ajuar funerario. Cuando fue enterrado lo colocaron en un sepulcro excavado en el suelo que tenía el lecho teñido de rojo y negro, el cuerpo estaba tumbado sobre la espalda, con la cabeza enfocada hacia la entrada de la cueva, el cráneo fue teñido de rojo, el brazo izquierdo estaba pegado al cuerpo con el puño cerrado, el brazo derecho estaba doblado sobre la pelvis con la mano extendida, sobre las piernas colocaron dos grandes bloques de piedra y separaron el cuerpo de una de las paredes de la sepultura con una hilera de piedras teñidas de ocre rojo, para terminar de proteger el cuerpo le untaron de ocre rojo y le depositaron el ajuar funerario, se componía de lascas de cuarcita, un núcleo de sílex, raspadores, otros denticulados, un trozo de asta de ciervo, cantos pintados de rojo, un cráneo de tejón y conchas variadas entre otros, cada elemento del ajuar se colocó en una zona del sepulcro concreta.