LUGARES ARQUEOLÓGICOS EN ESPAÑA

CUEVA DE LAS MONEDAS

En el Monte Castillo a unos 675 metros de la conocida cueva de El Castillo, y siguiendo por el camino que bordea el monte, se abre la cueva de Las Monedas, la de mayor recorrido de las cavidades conocidas en este Monte. En el momento de su descubrimiento, en 1952, se la denominó la "Cueva de los Osos". Al poco se observaron en diferentes salas improntas de una bota con tres clavos en el talón. Siguiendo las huellas, se localizó en una profunda sima de 23 metros, un lote de 20 monedas de la época de los Reyes Católicos, una de ellas resellada en 1503 o 1563. Estas monedas perdidas o escondidas en la cueva por un anónimo visitante del siglo XVI, son las que dan nombre hoy a la cueva.

Presenta un recorrido próximo a los 700 m y se organiza, en sus primeros 200 m, en espacios de amplias dimensiones en los que pueden observarse numerosas evidencias relacionadas con procesos geológicos, siendo de destacar las terrazas colgadas, propias de dinámicas fluviales, y los discos, columnas, coladas y un largo etcétera relacionados con los procesos de litogénesis. Estas formaciones hacen de la visita un recorrido geológico de extraordinaria belleza.

A diferencia de la cueva de El Castillo, las manifestaciones parietales figurativas se concentran en una pequeña sala lateral a pocos metros de la zona de entrada. El conjunto, muy homogéneo en su realización técnica (dibujo negro trazado a lapicero) y estilo (que apunta a una única fase de ejecución), se compone de al menos 17 figuras de animales y diversas formas de signos o conjuntos de líneas de difícil interpretación. Principalmente caballos, y en menor medida renos, cabras, bisontes, un oso y algún otro animal indeterminado, componen un bestiario variado correspondiente a una fase climática fría. Las dataciones C14 AMS certifican la realización de las figuras durante una fase glaciar que aconteció hace unos 12.000 a.C.

Los datos disponibles son escasos: huesos de oso y de ciervo, además de otros animales, fragmentos de cerámica tosca, piezas líticas en cuarcita y diverso material metálico (leznas y un hacha de bronce, hachas pétreas de basalto), además de las monedas ya mencionadas. Con la información disponible se puede apuntar que la existencia de varios esqueletos de osos indican la utilización de la cueva como espacio de hibernación, que es probable que la industria lítica indique la frecuentación de la cavidad durante algún momento indeterminado del Paleolítico, la existencia de ocupaciones humanas poco intensas (o incluso una frecuentación puntual) durante de la Edad del Bronce (2.000-1.200 a.C.) y el tránsito por la cavidad durante el siglo XVI.

Cronológicamente siempre se asignaron las figuras a una fase Magdaleniense medio o superior (13.000-9.000 a.C.). Sus características formales y estilísticas así permiten asegurarlo. El encuadre temporal más preciso se ha definido a partir de la valoración de la presencia de los renos (animales de fauna fría), que son más frecuentes en momentos avanzados del Magdaleniense, y de las fechas obtenidas por AMS carbono 14 de un caballo y de un cáprido. Los resultados, entre 10.290 y 9.510 a.C., son coherentes con los datos aportados por la fauna, ya que en dicho lampos temporales el clima era frío, en correspondencia con la llamada fase climática Dryas II.