LUGARES ARQUEOLÓGICOS EN ESPAÑA

CUEVA DE LA FUENTE DEL TRUCHO

La importancia de las pinturas halladas del covacho de la Fuente del Trucho es incalculable. Se trata del único yacimiento conocido en Aragón con pinturas rupestres paleolíticas. Su descubrimiento rompió con la teoría de que las manifestaciones rupestres paleolíticas en la Península Ibérica se produjeran tan sólo en la cornisa cantábrica. En su exterior además se registran digitaciones atribuidas al estilo rupestre Esquemático por lo que se considera un conjunto único y excepcional.

Las primeras manifestaciones de arte rupestre se realizaron hace casi 20.000 años en el interior de este abrigo de unos 17 metros de profundidad. El gran número de pinturas y grabados encontrados hace pensar que esta cueva fue un gran santuario.

Alberga un centenar de figuras representadas en las paredes del fondo y del techo. Con técnica de perfilado lineal, y en color rojos se pintaron diez figuras y cabezas de caballos, casi cincuenta manos en negativo, puntos seriados y astros. También es reconocible una vulva femenina. En color negro se diferencian manos y manchas diversas.

El Parque Cultural del Río Vero está formado por nueve municipios, vertebrados por el río Vero, adscritos, uno a la Comarca de Sobrarbe y ocho a la del Somontano. Sus barrancos contienen un conjunto de abrigos con arte rupestre excepcional, en un entorno paisajístico espectacular en la Sierra de Guara. Son un total de 60 abrigos con muestras representativas de los estilos clásicos del arte rupestre en Europa: arte paleolítico, arte levantino y arte esquemático. Entre ellos la cueva de la Fuente del Trucho posee las únicas pinturas rupestres del Paleolítico en Aragón. Esta concentración en un espacio tan reducido le dota a este conjunto de una excepcional singularidad.

A pesar del apelativo de cueva, lo cierto es que se trata tan sólo de una cavidad de grandes dimensiones, en la que la abertura de la boca alcanza los 20 metros y la profundidad máxima los 18. Así pues, la luz natural llega a todas las partes de la cueva o, si no lo hace directamente, al menos el interior no se sume en la oscuridad absoluta.

La cueva se divide en dos estancias. La primera de ellas tiene forma circular, un alto techo cupiliforme, con un suelo inclinado de roca que no ha conservado relleno alguno y para cuyo acceso es necesario subir un escalón rocoso natural formado por una colada calcítica en cuya zona derecha se representaron algunos grabados zoomorfos. Este pequeña cavidad es la que cuenta con el agujero circular que da nombre al abrigo y hace que se encuentra permanente iluminada por la luz del día.

Es en la segunda cavidad donde se localizan las pinturas rupestres que aparecen tanto en el techo como en las paredes, sin que hasta el momento se hayan descrito más elementos grabados que una serie de trazos lineales. Las figuras se realizaron fundamentalmente en color rojo, si bien se encuentran algunos ejemplos en negro. Las representaciones pictóricas se distribuyen en 22 paneles diferentes, habiendo sido contabilizadas en la revisión más reciente de las mismas hasta 140 figuras, restos o manchas. Entre éstas existen una serie de figuras identificables como manos en negativo, caballos y un cáprido, así como agrupaciones de puntos y signos de críptica identificación. Pero son las manos el elemento decorativo más espectacular de los que contiene la cueva. Hasta el momento se han contabilizado hasta 39 manos en negativo que aparecen en diversas zonas de la cueva, tanto en el techo como en las paredes, si bien se aprecia una cierta concentración en el friso interior de la cavidad.

Casi todas se realizaron en rojo, aunque en tres casos fue el color negro el elegido. Curiosamente, estos tres ejemplos tienen unas dimensiones bastante reducidas, por lo que, tal vez, pudieran pertenecer a niños. Estas manos aparecen infrapuestas, según se afirma en el estudio más reciente sobre la cueva, a las agrupaciones de puntos en el techo de la misma a las que se asocian.

Un rasgo singular de las representaciones de este tipo es que, al contrario de lo que sucede en la mayoría de las cuevas con decoración paleolítica, un alto porcentaje de las manos aparece incompletas, es decir, les faltan falanges, bien porque tuvieran los dedos mutilados, bien porque se doblaran al dejar la impronta.