LUGARES ARQUEOLÓGICOS EN ESPAÑA

CUEVA DE LA CLOTILDE

La Cueva de La Clotilde o La Lora se ubica en la localidad de Quijas, del municipio de Reocín, Cantabria. Tiene dos bocas y unos 200 m. de desarrollo de galerías rectilíneas y fácilmente accesibles.

Las manifestaciones artísticas han sido repetidamente dañadas por visitantes al estar realizadas en arcillas blandas, lo que ha provocado que en pocos años hayan desaparecido obras de arte que se habían conservado durante milenios. No se trata de un hecho aislado. Por el contrario, muchas cuevas con arte han perdido parte de sus figuras, o han sido afectadas por la actuación de desaprensivos, que han realizado inscripciones con carburo o han escrito sus nombres sobre grabados paleolíticos, como en la cueva de Sovilla.

En ella se han encontrado indicios arqueológicos de ocupación del periodo Magdaleniense (16.000-12.000 años de antigüedad), así como manifestaciones rupestres, sin embargo, bastante más antiguas, del período Auriñaciense avanzado o el Gravetiense (28.000-23.000 años), pero hay indicios para pensar que pertenezcan a periodos finales del Magdaleniense o a tiempos mesolíticos con tradición paleolítica. Además de los grabados digitales sobre arcilla posee otros trazados de arte rupestre, como algunos grabados incisos sobre la roca caliza y dos zonas con manifestaciones de ocre rojo.

Ha proporcionado algunos indicios paleolíticos (incluyendo azagayas magdalenienses) y un fragmento de cerámica sigillata romana. Contiene un importante conjunto de grabados realizados con la técnica del macarroni, con 9 animales y varios signos complejos de trazados toscos y perspectivas torcidas en los elementos figurativos. Además, se han localizado algunas manchas aisladas en rojo. Se han diferenciado 7 bóvidos, 1 caballo, y 1 dudoso felino. Suelen poseer un relleno de líneas oblicuas y cruzadas. La realización suele ser muy tosca aunque presentan detalles como los cuernos en perspectiva torcida o semi-torcida. Todas las representaciones están realizadas sobre una pared arcillosa, quizá utilizando los dedos o algún instrumento de punta roma. Debido al estilo poco convencional de las figuras y a la imposibilidad de datarlo mediante métodos físico-químicos, es muy difícil situar su horizonte cronológico, aunque las últimas investigaciones tienden a situarlo en momentos recientes del Paleolítico superior.