En la margen izquierda del río Segura, al noreste de la actual localidad de Rojales, se localiza, en el cerro del Cabezo del Molino, un yacimiento arqueológico con una larga ocupación humana que comienza en el siglo III a.C. y que perdurará en el tiempo más de mil años. Aunque las culturas íbera o romana también pasaron por aquí, destacable es, sin duda alguna, la instalación de una necrópolis de época bizantina, VI y VIII d.C., en actual proceso de investigación y que todavía hoy no ha desvelado todos sus secretos.
En torno al año 550 de nuestra era, la población procedente de la parte oriental del Mediterráneo, del conocido como Imperio Bizantino, llega a la Península Ibérica. Estas nuevas gentes, muy probablemente militares y comerciantes, extenderán sus dominios entre el sureste y el suroeste de la Península entrando en conflicto con el poder político del momento, el Reino Visigodo de Toledo. La presencia de objetos personales en los enterramientos de comunidades cristianas es escasa e inapropiada según la nueva Fe, por eso la documentación de collares y pendientes son importantes. En el Cabezo del Molino, solo los enterramientos infantiles, muy probablemente de sexo femenino, presentan ajuares relacionados con el adorno personal, elementos que les confieren un atuendo excepcional para llevar en su viaje al más allá. |