LUGARES ARQUEOLÓGICOS EN ESPAÑA

ABRIGO REMACHA

El Abrigo Remacha, está situado dentro de las hoces comprendidas entre la Cueva de Siete Altares y el abrigo del Solapo del Águila en el término municipal de Villaseca. Con respecto al río el abrigo queda a unos 50 metros de altura. Se configura como uno de los abrigos con mayor contenido de arte rupestre esquemático (figuras esquemáticas, antropomorfos, signos, puntos, rayas e incluso un personaje bícromo, en rojo y negro, con tocado de plumas). Se trata de una oquedad natural abierta en el risco del barranco. El techo, en visera, está parcialmente desmoronado (lo que ha permitido, en parte, su conservación), y el piso, formado por una sola terraza erosionada. Está orientado al sur y la planta tiene una longitud de 13,8 metros, en horizontal, un metro escaso de altura máxima y una profundidad máxima, también, de 1 metro. El fondo, casi vertical, ha servido de soporte a las pinturas.

Las representaciones se manifiestan agrupadas en escenas diseminadas con cierto orden en pequeños conjuntos, alguno de ellos enmarcados por la morfología de la roca. Así, a lo largo de los 6,50 metros de la derecha del abrigo (de los 13,8 metros del total), encontramos hasta 182 figuras, de muy pequeño tamaño (entre 1 y 7 cm), dando la sensación de un todo homogéneo en un solo friso corrido en el que hemos diferenciado siete grupos. No existe otra técnica diferente a la pintura que debió aplicarse con pinceles muy finos mostrando, algunas representaciones, la yuxtaposición de pequeñas líneas cortas para realizarlas, utilizándose los dedos para barras y puntos.

La figura humana es la más representada (80% del total), junto a puntuaciones y barras. La homogeneidad cromática, la ordenación de los grupos y la ausencia de superposiciones (excepto en un caso en los que bajo una mancha de tendencia circular, aparece una pareja de figuras antropomorfas), nos lleva a suponer una misma etapa artística aunque podríamos diferenciar tres posibles fases de realización dentro de ella. De los siete grupos, que hemos diferenciado dentro de este gran panel, podemos destacar los grupos III, IV y V.

El Grupo III presenta la única figura bícroma del conjunto. Se trata de un pequeño antropomorfo, de apenas 5,5 cm de largo, con el cuerpo en negroazulado, sobre el que se han añadido, en rojo, la cabeza con tocado y elementos de adorno en el cuerpo y manos además de una cola posterior. En la parte superior del conjunto se encuentran dos figuras (una tumbada y otra en pie alzando un objeto que podría ser un hacha o una alabarda), lo que nos ha llevado a considerarla como una escena de violencia.

Los grupos IV y V destacan por la gran cantidad de figuras antropomorfas formando escenas muy movidas, a pesar del esquematismo, alguna de ellas con tocados muy parecidos a los del Solapo del Águila. Por último, se puede observar que también en este panel se mantiene una de las características más recurrentes de algunos abrigos del Duratón, la agrupación de líneas y puntos que marcan el límite final de las pinturas, situado a la derecha del espectador.

El barranco del río Duratón se presenta, a lo largo de su historia (hasta bien entrada la Edad Media) como un espacio sacralizado. Así lo podemos constatar a través de hitos como las viejas iglesias de la Cueva de Siete Altares (con muestras de arte visigodo), la iglesia de la Molinilla (o de Nuestra Señora de la Calleja) o el monasterio franciscano de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz. A ellas se unen enormes covachos de fácil acceso, algunos con cruces y rombos esculpidos en las paredes, ligados a la vida de los anacoretas. Esta sacralización inherente del espacio no sería muy diferente a lo largo de su prehistoria, como lo demuestra la apropiación del espacio a través del centenar de estaciones de arte rupestre esquemático localizadas en las márgenes del cañón, desde Sepúlveda a la presa de Burgomillodo, y en todos los casos muy próximas a los lugares históricos comentados.